ESCULTURA FUNERARIA · BASTETANIA
Una antepasada sentada sobre sus cenizas
La escultura no acompañaba el enterramiento: también lo contenía.

Sentada en un trono alado, la Dama de Baza conservaba en una cavidad los restos cremados de una mujer adulta. El hallazgo dentro de una tumba, junto a armas y un ajuar rico, obligó a revisar la asociación automática entre armamento, poder y sexo masculino.
La policromía convierte su indumentaria y joyas en una escena de presencia, no de ausencia. Es posible que representara a la difunta idealizada, a una antepasada o a una figura divina vinculada con ella; ninguna de esas identidades puede pronunciarse como nombre propio.
Los análisis osteológicos identifican los restos cremados como pertenecientes a una mujer adulta de aproximadamente 25 a 30 años. Cuatro panoplias guerreras en la tumba rompieron la antigua costumbre de atribuir automáticamente armas y poder funerario a un varón.
No es necesario decidir si la piedra reproduce a la difunta, una antepasada o una figura divina para comprender el dato extraordinario: una mujer real ocupó el centro de un ceremonial costoso, policromado y políticamente visible.
Qué sabemos y qué sigue abierto
Hecho documentado: la escultura funcionó como urna cineraria de una mujer adulta y apareció en la tumba 155 con ajuar excepcional. Interpretación y cautela: edad exacta, identidad, cargo y significado de las armas siguen abiertos; conviene usar el intervalo osteológico, no un número cerrado.
- Fecha narrativa
- Primera mitad del siglo IV a. C.
- Lugar
- Necrópolis de Cerro del Santuario, Baza (Granada)
- Material
- Caliza policromada · restos cremados
- Contexto
- Tumba 155 · cámara funeraria
- Clasificación
- Colección ibérica o recurso interpretativo explícito
- Referencia visual
- Museo Arqueológico Nacional · Dama de Baza · referencia visual y de procedencia
Una mirada más de cerca
Un adorno que estaba pintado, no tallado
El estudio publicado en el Boletín del MAN de 2021 volvió sobre la Dama mediante fotografía digital y análisis de su superficie. Sus autores identifican entre los collares un motivo que interpretan como cordón anudado, apenas perceptible porque no estaba labrado en relieve. Proponen para él un posible sentido protector, sin convertir esa lectura en una identificación segura. El hallazgo muestra que perder el color no significa únicamente perder belleza: puede desaparecer un objeto entero de la representación. La pintura aportaba información que el volumen de la escultura, por sí solo, no conserva.